Hay, entre las sombras,
un hombre que huye.
Falto del Dios, falto de fe.
Dios es testigo.
Que no cedere,
hasta verlo en prisión.
Hasta verlo en prisión.
Él sigue el rastro del mal,
mío es el rastro de Dios.
A quien sigue la senda del justo,
le premia el Señor.
Y a los que ya llamó lucifer,
¡El fuego! ¡Dolor!
Sois una multitud,
sois incontables,
recias estrellas.
Glorioso retén, inmenso mar de luz,
mudo y tenaz,
sois guardianes del bien.
Sois guardianes del bien.
Sabéis qué sitio ocupáis y vuestro curso final.
Siguiendo los siglos giráis y giráis,
y eso siempre es igual.
Y a los que ya llamó Lucifer,
¡las llamas y el mal!
Y así ha de ser,
y así lo escribieron en el cielo los ángeles:
Quien hizo daño y quien cayó no puede entrar.
¡Oh, Dios, justicia!
¡Que yo lo vea pronto en prisión!
¡Juro no parar,
testigos serán las estrellas y Dios!